“El pensamiento de emigrar nunca se me quitará de la cabeza”

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Parte de los jóvenes que iban en la zódiac, frente a la comisaría de Alhucemas (Marruecos) momentos antes de presentar la denuncia

El 13 de diciembre de 2016, sobre las 3.00 am 23 personas trataron de cruzar el Estrecho en patera con la aspiración de llegar a España. Habían pagado 5.000DH (unos 500€) cada uno para subirse a la embarcación. Sin embargo, lo que parecía ser el viaje que les conduciría a lograr su sueño, se convirtió en la peor de sus pesadillas. El dueño de la embarcación les engaño y les dejó abandonados en la playa, así que decidieron emprender el viaje por su cuenta, pues era mayor la esperanza de partir que la vergüenza de volver.

Lo que sigue son sus testimonios a cerca de lo que sucedió una vez fueron detenidos por la Guardia Civil y llevados a la Gendarmería en Imzouren, donde según cuentan los afectados sufieron agresiones verbales y físicas. Abusos policiales que supuestamente habrían tenido lugar tan sólo 42 días después de la muerte de Mohssine Fikri.

Omar Ashtiwi:

Queríamos llegar a España, salimos de la costa de Souani (en la provincia Alhucemas), éramos 23 personas, de los cuales sólo una era mujer. El traficante que nos cruzaba no era de Alhucemas, quizá de Nador o de Tamssemant. Ninguno le conocía. Entre nosotros había gente de Axdir, Beni Bouyach, de Alhucemas… cada uno había negociado un precio diferente con él, aunque nos había cobrado en torno a 500€ más o menos a cada uno. El día indicado nos llamó para que nos preparamos, íbamos a salir esa misma noche. Nos citó y nos recogió en coche hasta la costa. Cuando llegamos vimos que estaba todo listo. Subimos y trato de arrancar el motor, lo intentó dos veces pero no arrancaba así que nos dijo que iba a traer bujías o unas piezas del motor. Estuvimos esperando horas, pero no regresaba, en torno a las tres decidimos marcharnos antes de que se hiciese de mañana. Arrancamos y nos fuimos, uno de nosotros se encargaba de navegar.

Fuimos poco a poco, conduciendo a turnos. Avanzamos unas 23 millas, hasta que nos quedamos varados en medio del mar. Estuvimos así hasta la bien entrada la mañana, fue entonces cuando llego un barco de la marina marroquí. Nos rescataron y nos condujeron al muelle, en Alhucemas. Había multitud de agentes cuando llegamos a la costa, nos esperaba una furgoneta grande sin asientos, allí nos metieron.

Quienes conducían la furgoneta no eran policías, sino ciudadanos comunes. Nos metieron en la furgoneta, nuestras ropas estaban empapadas, nos condujeron hasta la Gendarmería en Imzouren. Les pedí una ambulancia, algunos estaban enfermos, pero no nos dieron asistencia médica. Cuando entramos, le dije que necesitaba quitarme la ropa que estaba empapado, uno de los agentes me espetó que esperara que había agua caliente, yo me alegre y se lo dije a los compañeros. Al rato regresó, le dije que dónde nos podíamos duchar, me dijo “espera que no sólo tenéis ducha también os vamos a traer unas pizzas y unos paninis” burlandose de mí.

Nos empezaron a sacar uno a uno a la calle, hacía sol y el frio era mayor con la ropa empapada y el hambre. No quisieron darnos ni agua. Comenzaron a llevarse uno a uno, al rato regresaban, el que volvía lo hacía lleno de moratones y magulladuras. A uno de los jóvenes, Wassin, de 17 años, le empezaron a golpear fuertemente, tan fuerte que oíamos sus gritos, así empezamos a gritar también. Cuando salió nos dijo que le habían electrocutado y que no pararon hasta que empezó a sangrar por la nariz.

Cuando me metieron a mí, uno de los policías me amenazó con bajarme los pantalones y sentarme sobre una botella. Yo no paraba de preguntarme a mí mismo si para ellos no éramos humanos. No nos dejaban ni ir al baño.

Entonces comenzaron los interrogatorios. A dos personas del grupo les acusaron de ser los traficantes que habían cobrado por pasarnos, se trata de Mustafa Bouzzian y Marwan Noure-Addin, sin embargo no eran más que otros engañados como yo. Cuando les decíamos que esos jóvenes habían sido estafados también, los guardias nos insultaban y mandaban callar, a golpes.

Durante toda la estancia en la Gendarmería nos decían que qué queríamos en España, que teníamos ahí. Que si no éramos marroquíes. Me habría gustado responderle que nos íbamos porque en España uno puede aspirar a vivir dignamente, como personas y que aquí sólo para cruzar la entrada del hospital te obligan a pagar en negro. No tengo más deseo que salir de este país, porque esta tierra está abandonada, no tenemos nada, nada nos queda. El pensamiento de emigrar nunca se me quitará de la cabeza. Ahora mismo, si encuentro la mínima oportunidad me voy de aquí. Esta ya no es mi tierra, no pasaría ni un minuto más aquí, más todavía después de lo que nos han hecho.

Lo más sorprendente es que estos abusos policiales se hayan producido 42 días después de la muerte de nuestro hermano Mohssine (Fikri). Pienso que si no acabamos como él fue por muy poco.

Uno de los jóvenes, Riduan Boudra, está enfermo, yacía desmayado en el suelo, pero no quisieron llevárselo en la ambulancia. Nos trataron como animales. Todo el día con maltratos y abusos policiales, desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche, que fue cuando nos soltaron. Sólo queríamos buscar trabajo en otro país, cuál es nuestro delito.

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Denuncia emitida por los jóvenes en la comisaría de Alhucemas donde exigen una investigación eficaz y la absolución de Mustafa Bouzzian y Marwan Noure-Addin

Otro de los integrantes que guarda su nombre:

Tengo 30 años, no pude terminar mis estudios por falta de recursos. Cursé estudios superiores pero a los cuatro meses, tuve que abandonarlos. Mis hermanos mayores que no trabajan, no tienen aspiraciones. Aquí en el Rif uno en la familia mantiene a diez personas, si no hay empleos, no tenemos empleos decentes ¿qué vamos a hacer si no es emigrar?

Estuve mucho tiempo ahorrando para pagar y lograr cruzar a España. Para poder escapar de aquí. Cuando pagamos nos pasó lo que nos pasó. Nos llevaron a Imzouren y nos trataron como a perros, mucho peor.

Me obligaban a reconocer que dos de los chicos habían sido quienes organizaron el viaje y nos había cobrado. Cuando me metieron dentro me apalearon, me golpearon muy fuerte. Al sacarme fuera escuche llorar al más pequeño de los que iban con nosotros, gritaba y yo sentía que el daño me lo hacían a mí.

Me dio un ataque de pánico, pedí que nos atendiera un médico pero no quisieron, ni una mísera ambulancia. Después de apalearnos nos untaron con pomada las heridas. Yo sentía que iba a caer en cualquier momento les rogaba que me trajeran un médico, me ignoraron.

Mi pensamiento después de esto es uno, vender lo poco que me quede para marcharme, me siento maltratado, nos tratan como animales, me iré donde se me considere persona, aquí no somos nada. Esto se define en una palabra, humillación. Sólo quiero irme.

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“Me pusieron las esposas, perdí el equilibrio y caí”

Ilyas Abarkane:

Me golpearon, después me presentaron una declaración de los hechos escrita por ellos, yo no sé leer y me dijeron que firmara una hoja, así que lo hice, firme sin saber qué firmaba. No me leyeron lo que ponía, simplemente me dijeron que firmara, después de los palos que recibí, firmé.

Me cogieron en la Zodiac, me golpearon, me metieron en la furgoneta mientras propinaba golpes e insultos. Les pedía algún medicamento para el dolor, me ignoraron. Después me llevaron  para que les enseñara de dónde habíamos salido, allí fuimos. Cuando llegamos al lugar, me golpearon también. Le señale la arboleda por donde habíamos salido al mar, todo ello con golpes por todo el cuerpo. Después me condujeron con los demás.

Otro de los integrantes que prefiere guardar el anonimato:

Nos subieron a la zodiac hasta traernos de vuelta. En la furgoneta nos cargaron como si fueramos animales, preferiría haber muerto en el mar. Cuando nos sacaron fuera, nos dejaron pasando frio y sin poder acudir siquiera al servicio. Después las palizas, me pisaron la cabeza. Me ordenaron que identificara a dos jóvenes como los encargados del viaje en patera, pero no eran ellos y eso les dije.

Nos agredieron verbal y físicamente, me pregunto si nos habrían agredido así si no fuéramos rifeños, porque no lo creo. Si no hay ni una sola industria en estas tierras, dónde vamos a trabajar, es todo lo que queremos, trabajar. Si creen que con esta acción nos han intimidado están equivocados, ahora más ganas que nunca quiero marcharme, no me quedaré aquí, porque ya nada me queda aquí.

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