Sofía Casanova: “La mujer que entrevistó a Trotsky”

Entrevista:


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Inés Martín Rodrigo, autora de Azules son las horas

La periodista de ABC Inés Martín Rodrigo (Madrid, 1983) ha rendido homenaje en su primera novela «Azules son las horas» (Espasa) a Sofía Casanova, una de las mujeres pioneras en el oficio periodístico.

Casanova no sólo cubrió en primera persona la I Guerra Mundial, también fue testigo de la Revolución Bolchevique, donde sería perseguida y censurada por sus crónicas enviadas a España desde San Petersburgo. Desde la ciudad rusa narró la muerte de Rasputín y junto a Pepa, su criada, se entrevistó con León Trotski.

Durante la Guerra Civil española, manteniendo su tradición católica, defendió una postura favorable a Franco. En 1938 declaró en La Voz de Galicia, antes de marchar a Varsovia que estaba convencida de que el golpe militar traería desarrollo y esplendor a España.

La escritora fue también testigo de la ocupación de Varsovia, arrasada por el nazismo que asoló Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

Se trata así de cuatro grandes acontecimientos que marcaron la Historia del mundo y que la periodista de ABC narra en su primera obra. En esta biografía escrita en forma de novela, se recogen los acontecimientos más importantes del siglo pasado, contados desde la vivencia y la visión de la escritora, poeta y primer corresponsal permanente de Guerra en un país extranjero, Sofía Casanova.

Recordar que el mérito de haber sido la primera mujer que cubrió un conflicto le corresponde a Carmen de Burgo (Colombine) que cubrió de forma breve la Guerra de Marruecos.

-¿Tienes entrevistas guardadas de Sofía Casanova?

– Inés*: La única entrevista que hizo Sofía Casanova fue a Trotsky. Este libro es una novela y como tal, hay cosas que están inventadas y otras que no. Por ejemplo, la entrevista de Tolstoi es ficción, me lo inventé yo.

-¿Las invenciones que aparecen en el libro, son sobre algo que pudo haber pasado?

– Inés: Claro, se trata de ficcionar sobre algo que podría haber pasado, se encontraban en el mismo tiempo y lugar. Al igual que el pasaje de las sufragistas de Londres. Sofía pasó por Londres en la época en que estaban el movimiento de las mujeres sufragistas. Son ventajas que te ofrece el género de la novela ¿Por qué no hacerlo? pensé. Otro ejemplo de ficción, fue la carta de Torcuato Luca de Tena, que es lo más apócrifo que hay en el libro. Esa carta me la inventé yo. La novela tiene un 90% de cosas que son ciertas, pero es cierto que el resto son inventadas por mí, y lo bueno es que la gente lo tome como verdadero, porque es significativo de que es verídico.

– ¿Qué es lo que te llamó la atención para centrarte en Sofía Casanova?

– Inés: Yo trabajo en la sección de cultura de ABC, y estoy muy en contacto con el mundo de la literatura en general. Un día leyendo el periódico, vi un titular que captó mi atención: “La mujer que entrevistó a Trotsky”. Me llamó un la atención ese titular, porque no tenía ni idea de que se le había llegado a entrevistar, y menos que lo hubiera hecho una mujer, y menos que lo hubiera entrevistado una mujer española. Me pregunté: “¿Qué hacía una mujer española entrevistando a Trotsky, y qué hacía esa mujer en el año 1917 en San petersburgo? Comencé a investigar. Descubrí una vida impresionante, el hecho de que hubiera entrevistado a Trotsky era solo la punta del iceberg. Descubrí que se llamaba Sofía Casanova, y que su vida había sido de novela, y merecía ser contada en una novela. Se lo propuse a la editorial ‘ESPASA’, concretamente a la que sería la editora de mi libro Belén Bermejo, a quien le pareció una idea estupenda y así fue como salté al otro lado.

-¿Cuál fue el motivo por el que la labor de Sofía Casanova pasó tan desapercibida aquí en España?

– Inés: Porque fue mujer, estoy muy segura. Sofía tuvo dos problemas fundamentales.

El primero es que fue una mujer en un mundo de hombres. La corresponsalía en aquellos momentos era completamente un mundo de hombres. Si hoy en día las mujeres corresponsales son contadas, imagínate a principios del siglo XX. Sofía Casanova fue corresponsal de guerra en las tres principales guerras del siglo XX: La Gran Guerra, la Revolución Bolchevique y La II Guerra Mundial. Tuvo que moverse en unos tiempos muy machistas. Además el contexto social en el que ella se movía, era el del entorno de los intelectuales, en el que todos eran hombres.

El segundo problema es que ella pasó la mayor parte de su vida fuera de España. Venía  a España siempre con billete de vuelta, porque marcharse a Polonia lo hacía principalmente por sus hijas. De hecho durante la segunda Guerra Mundial le ofrecen volver a España, y ella lo rechaza porque prefiere quedarse con su familia. Me llamaba mucho la atención, y sobre todo al terminar la novela y haber profundizado tanto en el personaje, que en los últimos años las editoriales han recuperado el papel de los grandes cronistas del siglo XX. Han editado las crónicas de Chávez Nogales, o Julio Camba, y no se han fijado nunca en Sofía Casanova.

De hecho yo tuve una conversación con un editor, cuando se enteró que iba a publicar una novela sobre la vida de Sofía Casanova. Me dijo que le sorprendía mucho que me hubiera animado. Yo le pregunté el porqué, y cuando me respondió que él años atrás había pensado en la oportunidad de publicar sus crónicas, pero que sinceramente no le habían merecido la pena. En ese momento yo le pregunté si se había leído alguna de sus crónicas y cuando me contestó que no, decidí cortar aquella absurda conversación.

Te lees las crónicas y son una pasada. Lo vais a ver. En el libro se reproducen muy pocas en realidad, y partes muy puntuales, pero tienen un valor enorme porque, a parte  del valor periodístico, ella era poeta y escritora, con lo cual también le añade ese matiz literario que al final parece que estás leyendo una novela prácticamente.

– ¿El encuentro con Galdós ¿Fue como lo narras en el libro?

– Inés: Sí, eso es cierto. Además, yo lo que he hecho ha sido reproducirlo cambiando muy pocas cosas. De hecho, eso fue una crónica que apareció publicada en el ABC. Tal como lo cuento ocurrió. Galdós subió a su casa tuvieron ese encuentro y fue la segunda mujer que estrenó una obra de teatro en el teatro español.

– ¿Cuál era la visión de los hombres sobre que una mujer fuese corresponsal de guerra?¿La aceptaban como tal?

– Inés: Machista. La aceptaban pero la menospreciaban. Lo de que escribiese poemas les hacía gracia, pero no dejaba de ser una mujer y por tanto no consideraban que pudiera tener la talla intelectual suficientemente alta como para dialogar y discutir de tú a tú con un hombre.

Si esto pasa ahora aunque estemos en una sociedad avanzada, aún machista, imagínate en aquella época. Ejemplos como el de Sofía hay bastantes, que tuvieron que luchar contra viento y marea para poder ocupar el puesto que ellas creían que se merecían en una sociedad que las menosprecia.

Hay una conferencia que Sofía da en el Ateneo de Madrid, que además es una de las primeras mujeres invitadas a hablar en el Ateneo, en la que habla del papel que la mujer debe desempeñar en la escena pública. Al final recibe una ovación.

– Sofía al principio renegaba de ser feminista, pero sufre una transformación. ¿ cómo crees que ha sido esa transformación y en qué momento comienza?

– Inés: No nos podemos engañar, Sofía era una mujer producto de la España de su época: monárquica, religiosa y conservadora. Lo que sucede es que las vicisitudes que atraviesa a lo largo de su vida, que son muchas, le hacen ir cambiando de punto de vista. Pero sobre todo, el punto de inflexión es en el que su marido se desentiende de ella y la abandona. Lutoslawsky la repudia únicamente porque no le da hijos, y en el momento en el que ella se da cuenta de esto, coge la sartén por el mango y empieza a ganarse la vida y a vivir por su cuenta. De hecho no vuelve a rehacer su vida sentimental con nadie.

Respecto al feminismo, estoy segura de que mucha gente que participó en aquellos movimientos y momentos históricos no tenían conciencia o no sabían muy bien en los que estaban participando. Sólo con el paso del tiempo nos damos cuenta del valor que tienen determinadas acciones, como lo fue entrevistar a Trotsky.

– Pepa, la sirvienta de Sofía, tiene un gran papel en la novela, hasta el punto de acompañarla en todos sus viajes ¿Cómo fue de importante su presencia en la vida de Sofía?

– Inés: Esta es una novela de mujeres muy fuertes, y Pepa es una de ellas. Es la mujer que permanece a su lado durante toda su vida y la apoyó en todo momento.  La relación entre ellas dos está planteada un poco como la de Quijote y Sancho: Sofía era la aventurera y soñadora y Pepa la solía poner los pies en la tierra.

– Olga Osorio en Vida e tempo de Sofía Casanova dice que una de las razones por la que durante muchos años no se tuvo en cuenta el trabajo periodístico de Sofía fue por el hecho de que su presencia en el este de Europa estaba justificada por razones familiares en vez de profesionales. ¿qué nos puedes decir al respecto?

– Inés: en la vida de Sofía , en muchas ocasiones, la casualidad determina lo que sucede. Casualidad que yo muchas veces llamo causalidad, porque es cierto que si ella no hubiera estado viviendo en Varsovia en el estallido de la primera guerra mundial no lo hubiera contado. Ella no es una periodista vocacional, pero está en el momento adecuado en el lugar adecuado y decide que lo que tiene que hacer es contarlo.

Lo mismo sucede cuando Sofía sale evacuada de la toma de Varsovia junto a su familia dirigiéndose a San Petersburgo donde al tiempo estalla otra nueva guerra.  Ella podía haberse quedado quieta y callada, pero no lo hizo, todo lo contrario; decide contarlo y no sólo eso sino que participó como enfermera de la Cruz Roja en Viena . De hecho, hay un momento, en el hospital, el que se prohíbe a la gente que trabaja allí atender a los enemigos que llegan del bando contrario y ella dice que “¿por qué?” que tendrán que atender a todo el que llegue. Durante toda su vida lo que hizo fue actuar acorde a sus principios y valores en los que creía.

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– Estudiando y relatando todas las hazañas de Sofía, ¿qué es lo que has aprendido de ella y lo que más te ha sorprendido?

– Inés: Me han preguntado muchas veces durante este tiempo que si el hecho de ser periodista me ha ayudado a escribir la novela. Yo creo que ha sido justo al contrario, al escribir la novela he mejorado como periodista. De hecho considero que soy mejor periodista que hace un año que ha sido el tiempo que me ha llevado escribirlo. En el periodismo está prohibido usar las herramientas de ficción, lógicamente, hay una línea que no puedes pasar, está ahí y te tienes que quedar de este lado. Al escribir la novela, no solo tenía que pasarla sino que me tenía que quedar de ese lado y utilizar una serie de herramientas que yo no había tocado en la vida. Yo no había hecho diálogos, jamás, o sea… es que no me había puesto a escribir nunca. Entonces al hacerlo te liberas de complejos, también se de miedos y al encontrar un personaje como Sofía, con la que yo consideraba que tenía una distancia muy grande porque es una mujer que me saca más de un siglo, conservadora, con una ideología, una serie de ideales que no tienen porqué coincidir con los míos o sí, pero que nos separa más de lo que nos une. Sin embargo, a medida que la iba conociendo iba empatizando con ella, aprendiendo cosas, iba valorando cosas. No sé si habéis hecho prácticas o habéis trabajado de becarios, cuando empecéis a trabajar os daréis cuenta de que el periodismo está…

– ¿Complicado…?

– Inés: Está muy mal. No es por ser agorera… ni nada pero el periodismo ya no es lo que yo consideraba.

Entonces al entrar en contacto con un personaje como ella te vas metiendo en un periodismo que añoras porque es el periodismo pausado, entiéndeme, el periodismo real entre grandes comillas. O sea, tú te das cuenta de que esta gente luchaba contra todos los elementos para poder escribir las crónicas, para poder mandarlas… a ella la persiguió la censura de una manera muy heavy durante la revolución Bolchevique porque ella escribió una crónica sobre el asesinato de Rasputín y consideraban que lo que había contado no era acorde a la verdad, entonces el embajador de Rusia en ese momento empezó a buscarla “quién era aquella Sofía Casanova”. Entonces, ahora que todo pasa tan deprisa, de verdad que es una pesadilla, tienes que contarlo todo en este momento y si te retrasas dos segundos…

– ¿Ya no es noticia?.

– Inés: Claro, ¿pero quién determina eso? Creo que estamos instalados en una vorágine de locura que al final va a llevar al menosprecio de la profesión. Yo no digo que no haya que usar las redes sociales si soy yo la primera que las utilizo y a mí me parecen fantásticas, me han llevado a noticias y a fuentes que yo no habría llegado de no ser por ellas y a mí me parece fenomenal usar esas herramientas pero no volvernos locos…

– ¿Querer ser el primero?

-Inés: Claro, yo digo que es a ver quién la tiene más larga. Y es absurdo. Es completamente absurdo porque al final volvemos locos al lector. Hemos perdido de vista al lector completamente. Ya no escribimos para el lector, en algún momento se hizo. Ya no. Yo ahora escribo para mis colegas, ni más ni menos. No nos damos cuenta de que el lector con suerte compra un periódico. Con suerte. Con muchísimas suerte. Con lo cual le da lo mismo si lo has publicado antes que El País, El Mundo

– ¿Crees que el periodismo que ejercía Sofía se ha perdido en la actualidad?

– Inés: Completamente. Yo lo hablaba con un compañero, hace un mes, decíamos que muchos periodistas cuentan las guerras sin salir del hotel.

– Es lo que decía kapuscinski que los corresponsales son testigos, desde la redacción ya saben lo que ocurre.

– Inés: Totalmente. Aunque sobre el propio Kapuscinski está la sombra de la sospecha de muchas otras cosas. El periodismo de entonces y no de tan entonces de los 60 a los 90 se ha perdido completamente. Ya no se hace.

– Volviendo a lo que dijiste antes del asesinato de Rasputín, a pesar de que la seguían, de que fuera censurada ¿Cómo conseguía enviar las crónicas?

– Inés: Tenía buenos contactos en Madrid antes de mudarse a Polonia. Más tarde los tuvo también en Rusia. A través de fuentes diplomáticas, valija diplomática o se amigos que sabía que iban a cruzar Europa. Hay que ser conscientes de que ahora viajar de Polonia a Madrid. Pero en aquella época eran meses y meses de viaje. Sin embargo, siempre se las apañaba porque Sofía tenía olfato periodístico. Pese a que llega al periodismo de rebote y por pura casualidad, por circunstancias de su vida. Ten en cuenta que en la entrevista con Trotsky le dan la exclusiva de que han firmado la paz con Auto-Hungría. Es decir, es una de las primeras exclusivas periodísticas del siglo XX y nadie lo cuenta. Ella tenía un olfato periodístico muy importante que ahora ya se ha perdido completamente.

– Ahora que has sacado el tema de la entrevista con Trostky ¿Cómo se fragua la intrahistoria?

– Inés: La intrahistoria es tan sencilla como que él se levanta un día de noviembre y dice, habría que entrevistar a este hombre, hay que hablar con él. Es que no tiene más, sale y apenas lo dice en ABC, no se lo dice a nadie, ni siquiera a la propia Pepa que la acompaña. O sea Pepa va con ella sin saber a dónde va y de repente llega a, lo que ella define cómo el “antro de las fieras”, que era el cuartel general de los bolcheviques, y Pepa dice; “¿qué hacemos aquí?”.

Pues nada todo fue tan fácil como llegar y decir quiero hablar con el camarada Trostky: “ah pues pasen…”, o sea fue así no fue que lo pidieron y hubo meses de espera, que va todo lo contrario. Nadie se lo había planteado, hasta que ella llegó y dijo vamos a intentarlo ¿Por qué no?

– Leyendo el libro surge una contradicción, una mujer pacifista, feminista, antimilitar, pero apoya a Franco.

-Inés: Yo creo que Sofía fue una mujer producto de su época, pues si no hubiera sido así a mí no me hubiera extrañado, te lo digo sinceramente además no te puedes olvidar de que Sofía vivía fuera de España durante la Guerra Civil, durante el franquismo, y a ella lo que le obsesiona es el comunismo durante la revolución rusa, que no funciona y puede ver cómo la población sufre los estragos de un régimen comunista, entonces se obsesiona con que eso no pasara en España, y aquel que aseguraba que era el defensor del trabajo, que iba a defender a España del comunismo, esa es la explicación.

– ¿Fue fácil esa labor de documentarse?

-Inés: Hay crónicas, una biografía muy extensa que es prácticamente una tesis doctoral de más de mil páginas. Luego aparte hay un libro escrito en gallego “Vida y tiempo de Sofía Casanova”, es decir, documentación cuando empiezas a buscar hay, poca para lo que es el personaje, realmente porque si lo comparas con Rosalía de Castro o Emilia Pardo Bazán, tienes páginas y páginas de documentación de ellas, y luego está su familia, contacté con los descendientes aún vivos de Sofía Casanova, con su nieto que es Karul, un personaje de la novela, un monje benedictino que en un monasterio de Polonia al lado de Pozman, con el que he intercambiado emails.

– ¿Cómo la define su propia familia?

– Inés: Más que definirla estaban esperando el momento en el que alguien recuperara su figura. En Polonia se la reconoce, en Galicia un poquito. Imaginad que es familiar vuestro, una persona de esta trascendencia y que no se le de la importancia que merece. Joana, su nieta, vino a la presentación del libro y me agradeció “haber devuelto a su abuela a la vida”, considera que quien está descrita en la novela es realmente su abuela.

– ¿Cómo periodista qué se siente al recuperar a una persona como Sofía?

– Inés: Es un orgullo haber tenido la oportunidad de hacerlo, una suerte que se haya cruzado en mi vida. Me siento afortunada.

– ¿Cuando comenzaste la investigación te esperabas lo que averiguaste después?

– Inés: Fue muy sorprendente, al principio era más lo que me separaba de ella que lo que nos unía. A medida que fui descubriendo sus matices, pues las personas estamos llenos de matices y contradicciones, me fui encontrando a mi misma. Al acabar la novela me di cuenta que soy yo la protagonista de la novela. Al acabar no sabía si era yo la protagonista o era Sofía.

Es sorprendente que esta persona pionera en tantos ámbitos haya pasado desapercibida. Estoy convencida de que si hubiera sido hombre no estaría tan invisibilizado.

Es muy triste que en las facultades de comunicación no se estudie a Sofía en la historia del periodismo. Yo me siento feliz tras esta entrevista, si vosotros estudiantes de periodismo habéis descubierto e indagado sobre un personaje como ella, me doy por satisfecha.

– ¿Cómo trabajadora de ABC cómo se explica que no se reconozca a esta mujer?

– Inés: Estamos tan sofocados con la sobreinformación, las dificultades de tiempo y el periodismo fugaz que no hay espacio para ella. Lo que más me ha dejado satisfecha ha sido la repercusión mediática que ha tenido. Eso es lo que le da valor a la historia, al final, eso es lo que le da valor a Sofía.

– ¿Qué consejos darías a quien quiere ser una corresponsal como Casanova?

– Inés: Yo más bien necesitaría el consejo para mi, no tengo mucho conocimiento sobre ese entorno. Pero puedo decir que hoy día cada vez estamos más atadas a la mesa de la redacción y lo veréis cuando empecéis a trabajar. Cada vez es un trabajo más de oficinista, pero si no sales a la calle no te enteras de la noticia.

Nunca he querido ser corresponsal, mi mundo es el de la cultura y tengo la suerte de haber viajado y poder seguir viajando, entrevistar a Jonathan Franzen u Orhan Pamuk.

– ¿Tras esta novela te sientes más motivada para seguir escribiendo?

– Inés: Sí, entregue el manuscrito a finales de noviembre. Durante los dos últimos meses tengo que escribir un epílogo para otro libro y ahora he vuelto a entrar en contacto con la escritura y me siento encantada. La novela te deja agotada, la escritura es un ejercicio de disciplina pura y dura, así lo veo yo. Ahora tengo claro el tema sobre el que voy a escribir y cómo lo voy a hacer, sólo estoy esperando el momento de empezar.

– Tenemos un profesor que hace poco sacó el tema del escaso número de puestos directivos que ocupan la mujer ¿A qué crees tú se debe?

– Inés: Por la misma razón que no cobramos lo mismo que ellos, vivimos en una sociedad muy machista. A un hombre nunca le preguntarán si piensa tener hijos. Hay una discriminación, negarlo sería un absurdo. Debemos defender la igualdad de género igual que defendemos otras igualdades. Es un problema social, debe haber un cambio de mentalidad. Mis compañeras de la redacción o de otras redacciones, han tenido que renunciar a ser madre para permanecer en su trabajo. Esta es la realidad.

*Inés Martín Rodrigo, escritora y periodista de ABC

Con la colaboración de Alberto García, MiguelÁngel García, Irene Díaz Tendero y Elías Sampado. Fotografía de Alberto García.

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